
ABUSO
Abusar de los débiles es el deporte de los fuertes,
forma de ser más genuina de los opresores ,
y manera de mantener palacios y altares
dedicados a sus propio egos.
Hoy día los esclavos, deambulan por nuestro continente,
bajo el nombre de empleados zafrales, y son sus pagos
algo de comida y unos pesos, para tapar la vergüenza
de la explotación a la que son sometidos.
Niños que salen de sus casas a la mañana y regresan a la madrugada,
con céntimos para alimentar a sus familias marginales y marginadas,
que en la espiral de denigración van en caída libre,
empujados por la ley gravitatoria del prejuicio.
Ancianos que abandonados en asilos, dan de recursos
ganados en sus vidas a quienes los olvidan
y arrumban cual trasto vetusto.
Obreros que trabajan al sol de la explotación,
con su piel curtida por las angustias de la escasez
y el miedo a perder el sustento,
con el menor intento reivindicativo.
Hombres-Niños, que con capacidades diferentes,
son utilizados para lo que nadie quiere hacer.
A similitud de las mulas mineras, cargan con las piedras
que ni los hombres ponen en lomo de animal alguno.
¡Hasta cuándo, seguiremos permitiendo,
con nuestro letargo cómplice
este abuso a la dignidad humana!
¿Hasta cuándo, hermanos americanos?
Montevideo - 2007
Abusar de los débiles es el deporte de los fuertes,
forma de ser más genuina de los opresores ,
y manera de mantener palacios y altares
dedicados a sus propio egos.
Hoy día los esclavos, deambulan por nuestro continente,
bajo el nombre de empleados zafrales, y son sus pagos
algo de comida y unos pesos, para tapar la vergüenza
de la explotación a la que son sometidos.
Niños que salen de sus casas a la mañana y regresan a la madrugada,
con céntimos para alimentar a sus familias marginales y marginadas,
que en la espiral de denigración van en caída libre,
empujados por la ley gravitatoria del prejuicio.
Ancianos que abandonados en asilos, dan de recursos
ganados en sus vidas a quienes los olvidan
y arrumban cual trasto vetusto.
Obreros que trabajan al sol de la explotación,
con su piel curtida por las angustias de la escasez
y el miedo a perder el sustento,
con el menor intento reivindicativo.
Hombres-Niños, que con capacidades diferentes,
son utilizados para lo que nadie quiere hacer.
A similitud de las mulas mineras, cargan con las piedras
que ni los hombres ponen en lomo de animal alguno.
¡Hasta cuándo, seguiremos permitiendo,
con nuestro letargo cómplice
este abuso a la dignidad humana!
¿Hasta cuándo, hermanos americanos?
Montevideo - 2007
© Sebastián Camacho Bentancur